¡¡Éramos todas niñas!!

Al principio no entendía!! Quizás porque era tan solo una niña…a la que le habían regalado muñecas para jugar a ser madre, una cocina pequeña, juego de tazas para que cuando grande fuera la responsable de la comida… Sólo faltaba el hombre! Al que tendría que esperar virginal y resignada…

Entre juego y juego seguía siendo niña imitando roles preestablecidos, que malo puede haber en que un hombre se me acerque a jugar con mi cuerpo!? Cuando yo juego a ser mamá y él era el papá.


Digo éramos solo niñas… Mi madre también fue niña y jugó de niña a ser mamá, su ¡tío tan “amable” ! también quiso jugar, él quería ser el padre por supuesto!! Y si ella era sólo una niña cómo podría entender?!!… Así el juego en la familia comenzó a ser secreto y a hacerse costumbre…

Nadie le enseño a esa niña que el patriarcado existía.

Cuando yo solo tenía 9 años conocí un “amigo” que decía le gustaban los niños, y le gustaba jugar, entonces yo niña llevaba mis juguetes y claro! Yo era la mamá y el él papá, el juego era lo que vemos seguido, yo preparando la comida y él llegaba de trabajar, luego y como en toda relación, tenía esa cuota de “amor”… Y un mira… Me tienes que tocar… Tienes que aprender, para que luego cuando crezcas puedas ser una buena esposa y una excelente mamá… Ven! Juguemos!! Que nada te va a pasar….

No dejé de ser niña y seguí recibiendo muñecas, tacitas, hombres que querían jugar a ser el papá.

Y me siguieron enseñando que a todo el mundo había que saludar, que tenía que ser señorita, que a nadie se le deja con el saludo en la boca, palabras como:

¿ Que te pasa niña huasa!? ¿No vas a saludar a tu tío?

No respondas así!!

Es tu hermano mayor!!
Vamos…. acompaña a tu tío que te está hablando!!

Mira qué linda la muñeca que te trajo tu tío, para que jueguen!!! ….Y …?? ¿cómo entenderlo si éramos tan solo niñas?

Mi madre, de niña le había contado a su madre que su tío la molestaba, y se le dijo: mira niña! Tu siempre viendo lo malo, él es sólo cariñoso y trata de ser amable contigo…
¿Cómo podría entenderlo si era solo una niña? Y claro así se aprendió que esas cosas no se deben hablar…

El juego sigue y la infancia también, antes mi madre fue niña y luego yo también, después vino mi hija que algo de niña le ha de quedar.

Hoy tengo 38 años y de niña sólo me queda un mal recuerdo y un poco de escombros viejos.

Hoy ya no puedo jugar, tengo dos hijas.

Una de ellas, la mayor también fue niña, también jugó con muñecas y también jugó a ser mamá… Y Siii… también tuvo un “tío” que hizo el rol de papá 😔…
Ya no somos dos las niñas de mi familia…Hoy somos tres…

Cuando comencé a escribir esta carta no pensé en nada (algo que siempre me sucede mientras escribo)

Como se dan cuenta, éramos todas niñas y hoy los juegos se han acabado… Me preguntarán cómo termina la historia!! Esta vez la historia “no termina” en un secreto familiar, somos tantas las niñas que no tuvimos infancia, somos tantas las mujeres a las que nos llora el vientre, somos tantas y tantas a las que el patriarcado ha torturado, somos tantas y tantas las que callamos.

Sólo quiero decirles que hay que perder el miedo, que siempre hay tiempo para cambiar la historia, que nada malo pasa cuando alzamos la voz, nada malo pasa cuando alzamos las manos, nada malo pasa cuando alzamos la mirada, la vista y denunciamos.

Trato de convencerme a diario que No hay que tener miedo a sacar la costra, que ha cubierto por generaciones la herida, (es difícil porque eso no te lo enseñaron).

Me repito todos los días, que hoy es el día de mirar de frente al agresor y decirle que no estoy sola, que somos muchas y que tenemos la mejor de todas las armas…: “La sororidad”.

Valeska Antonieta Araya Torres

Quillota, Febrero 2017