Desde hace años, el espejismo de las “promesas de desarrollo” dejó de ser una ilusión. Ya no es un secreto que los discursos de progreso, eficiencia y modernidad no son el futuro. Sin embargo, las feministas sabemos que nada neutral se produce y reproduce en sociedades atravesadas por el patriarcado, el racismo, el colonialismo y la misoginia. Bajo la máscara de la innovación, la inteligencia artificial se convierte en una herramienta de control, donde las jerarquías y desigualdades adquieren nuevas formas y mayor perversidad.

La inteligencia artificial (IA) no es una sola cosa, sino un conjunto de tecnologías disruptivas diseñadas, que mediante técnicas de aprendizaje automático (machine learning)  y aprendizaje profundo (deep learning) procesan datos. La cual, puede tomar múltiples formas: desde el reconocimiento facial hasta los chatbots, asistentes de voz o sistemas de recomendación de contenido (Lucia Zárate, 2023). Es importante entender esta diversidad, porque cuando hablamos de IA no nos referimos a un único sistema, sino a una constelación de tecnologías que atraviesan nuestras vidas de maneras muy distintas. 

En este sentido, resulta clave comprender que el sesgo no es un “error” accidental, sino una propiedad estructural de sistemas construidos sobre datos que reproducen desigualdades. Ejemplos ampliamente documentados incluyen fallos en sistemas de reconocimiento facial con rostros no blancos, algoritmos de contratación que penalizan trayectorias feminizadas, o sistemas de recomendación que refuerzan estereotipos de género y sexualización de los cuerpos. Estas dinámicas no son anomalías, sino expresiones de lo que podría denominarse una gobernanza algorítmica atravesada por jerarquías sociales. 

A ello se suma una dimensión menos visible pero igualmente crítica: la experiencia diferenciada de la privacidad y la exposición digital. Investigaciones recientes (Omotubora et al., 2026) subrayan que las mujeres y diversidades experimentan riesgos digitales de manera específica, vinculados a violencia de género, vigilancia y control social. Este hallazgo cuestiona los enfoques universales de diseño tecnológico y propone avanzar hacia marcos que integren las experiencias situadas como criterio central en el desarrollo tecnológico. Pero no se trata solo de “incluir” a mujeres como usuarias, sino de reconfigurar las lógicas mismas de diseño y gobernanza. 

Asimismo, en el ámbito educativo y formativo, estudios recientes evidencian que la integración de IA puede reproducir brechas existentes si no se acompaña de una perspectiva crítica (International Journal of Learning, Teaching and Educational Research, 2026). La promesa de democratización del conocimiento convive con el riesgo de reforzar desigualdades en el acceso, la representación y la producción de saberes. De este modo, la IA no solo distribuye información, sino que también configura qué conocimientos son visibles, legítimos y valorizados. 

Desde los feminismos críticos y decoloniales, se vuelve entonces imprescindible desplazar la pregunta desde “¿es la IA neutral?” hacia “¿qué intereses, saberes y cuerpos están siendo codificados en estos sistemas?”. Esta reformulación permite visibilizar que lo digital no constituye un espacio abstracto ni desmaterializado, sino un territorio profundamente imbricado con lo social, donde se disputan sentidos, derechos y formas de vida. Permitiéndonos afirmar que: “la violencia que transita en entornos digitales es la suma de las otras violencias y permisos patriarcales.”

En consecuencia, afirmar que la inteligencia artificial tiene sesgo patriarcal no es una consigna retórica, sino una crítica sustentada en evidencia empírica y marcos teóricos contemporáneos. Nombrar este sesgo es el primer paso para desnaturalizarlo y abrir la posibilidad de transformación. La disputa por tecnologías más justas no es periférica: es parte constitutiva de las luchas por la vida, la dignidad, la autonomía y libertad de las mujeres y diversidades sexogenéricas.  

Nicole Herrera Farfán, activista feminista e integrante de la Coordinación Nacional de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres.