La violencia del modelo económico

24/08/2010
Escrito por: 
Francisca Miranda Alarcón *
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La violencia del modelo económico está presente en cada uno de nuestros actos. En el lenguaje que nos invisibiliza. A esto agregaría modelo económico y patriarcal que nos subordina. Agregaría también modelo económico, patriarcal y sexista. Finalmente agregaría modelo económico, patriarcal, sexista y heterosexual. Muchas teorías para convencernos que el modelo o sistema económico vigente nos llevará a alcanzar el Desarrollo, para el caso de los países del Tercer Mundo o Países en Vías de Desarrollo, como prefieren denominarlos algunos. El progreso, la distribución del ingreso, el ingreso per cápita son indicadores que más bien reflejan el subdesarrollo humano, la inequidad social, la injusticia del capitalismo como sistema económico. Si analizamos el lenguaje en boga, y revisamos conceptos como competencia, individualismo, eficiencia, productividad, nos damos cuenta que no está presente el valor de la solidaridad, el respeto a la naturaleza, ni que decir, de sororidad. Por otro lado, la ciencia positivista y la razón, han configurado una bipolaridad genérica, que sitúa al hombre en el lado de la razón y a la mujer en el polo de la emoción. Lo que ha menoscabado, históricamente, nuestra participación como sujetas activas en la producción de conocimiento. Los países desarrollados, indudablemente, han alcanzado un desarrollo económico y tecnológico, y en el plano social la equidad en casi todos los ámbitos de la vida humana, incluyendo la equidad de género. Se dice comúnmente sociedades avanzadas Sólo que si nos detenemos a pensar en el costo de este desarrollo, nos tendremos que remitir a lo que Ulrich Beck denomina sociedad del riesgo, es decir, la incertidumbre que se ha instalado en nuestras vidas como una certeza. El costo de este desarrollo ha sido violentando a la naturaleza: Conocer a la naturaleza para dominarla, ¿Quién no ha escuchado este precepto? Somos parte de la naturaleza y debemos conocerla para respetarla. El análisis que vincula a la naturaleza y a la mujer tiene un claro fin de dominación a ambas. Ambas nos rebelamos. Una, la naturaleza, se rebela, a veces, con más fuerza que la otra. Cambian los discursos, acomodándose a las circunstancias, prevaleciendo la razón, la razón instrumental. Nos olvidamos del saber originario, el ligado a la tierra, ese que conservan nuestras etnias, cada vez menos. Avasalladas en pos del progreso. Qué decir de la intuición, la sabiduría ancestral. No tiene valor científico, no es ciencia. La humanidad ha acumulado conocimiento, experiencia, y todo este conocimiento y esta experiencia no ha servido de nada, pensemos sólo en las dos guerras mundiales a nuestro haber.

 

*Socióloga