Somos herederas de las mujeres que lucharon y se organizaron políticamente por defender un proyecto político que buscaba un mundo más justo. De las que murieron: las detenidas desaparecidas y las ejecutadas políticas, viven en nuestra lucha y cada año levantamos el memorial “Mujeres en la Memoria”. De quienes sobrevivieron: las torturadas, las encarceladas, las exiliadas, las inhabilitadas, las ayudistas, las solidarias incógnitas, las activistas clandestinas; las y les recordamos, homenajeamos, abrazamos, aprendemos de su ejemplo, luchamos con ustedes. También de las mujeres, familiares y organizaciones que, durante todos estos años, han sostenido las búsquedas y la transmisión de la memoria. A 53 años del golpe de Estado, todas ellas son parte central de la resistencia por la memoria histórica de Chile.

La explotación de las mujeres es la base del capitalismo, es por esto que el movimiento feminista tiene un rol fundamental en el cambio de rumbo urgente que debemos dar como humanidad. En este momento de decadencia absoluta de dicho modelo económico, creemos firmemente que otro horizonte es posible. La memoria se defiende y se practica todos los días. Lo que una sociedad recuerda o niega, influye directamente en la manera en que entiende su presente y proyecta su futuro. Por lo tanto, la defensa de la memoria implica cuestionar el modelo social y económico extractivista neoliberal que se instaló bajo la dictadura a punta de miedo, odio, egoísmo, sangre y bala, y que todavía cruza nuestras vidas.

Ese modelo, así como el avance de la ultraderecha en el mundo no puede explicarse únicamente por determinadas elecciones o coyunturas políticas puntuales. Es el resultado de siniestras planificaciones que llevan años instalándose en el plano social, cultural y político a nivel global. Esa llegada al poder se facilitó mediante algoritmos sesgados de magnates tecnológicos megalómanos y operadores como Fernando Cerimedo, que irrumpen social y psicológicamente mediante la multiplicación exponencial de la desinformación y los discursos de odio, presentando el autoritarismo como una respuesta al miedo, la sensación de inseguridad o las crisis sociales. De paso criminalizan la legítima protesta social, las históricas y las por venir. 

Recientemente la propuesta de reforma constitucional que busca otorgarle facultades inéditas a la figura del presidente de la República con un nuevo estado de excepción tuvo, afortunadamente, un importante repudio transversal. Este proyecto abría la puerta de par en par al potenciamiento de prácticas autoritarias. Por eso es necesario preguntarse qué condiciones sociales y políticas permiten que propuestas de este tipo sean siquiera consideradas aceptables. ¿Cuál era el plan de gobierno que José Kast nunca reveló en campaña?

La búsqueda y explotación frenética de tierras raras, es decir, minerales estratégicos para la creación de armas de guerra con fines imperialistas de distintos Estados, así también del ente sionista y genocida de Israel, tienen sin duda asegurada una luz verde en estos gobiernos latinoamericanos de ultraderecha vendepatria, que probablemente no se detendrán en consultas por el medioambiente, ni quizás tampoco por defender su propia soberanía nacional. A ellos no les basta con seguir privatizando lo que queda, se hace necesario saquear hasta lo más profundo de la tierra, arrasando con todo a su paso incluidas: la biodiversidad, la población civil, las comunidades indígenas, los glaciares y las reservas de agua.

Las tácticas ya no son golpes de Estado. Una vez instalados los gobiernos de ultraderecha, erosionan las instituciones, los derechos conseguidos y los mecanismos que sostienen la democracia, debilitando progresivamente las instituciones públicas. Pero el fin último no ha cambiado: autoritarismo, orden conservador y saqueo para el beneficio económico del 1% más rico del país.

El gobierno de la Unidad Popular representaba un ideal de transformaciones profundas a través de la lucha social, económica y política, con un Estado robustecido y con recursos estratégicos, como el cobre, puestos al servicio del pueblo y el país con la nacionalización del cobre. Un proyecto de sociedad distinto, que encendía la esperanza a través de la acción unitaria e invitaba a hacerse parte de cambiar la realidad y las conciencias de las mayorías. Significaba romper con las estructuras que nos habían sido impuestas a lo largo de la historia. Sin embargo, la intervención imperialista de Estados Unidos, en alianza con las fuerzas armadas de Chile, la derecha golpista, los medios de comunicación hegemónicos y la población civil afín, desestabilizaron el proyecto de la Unidad Popular a punta de desabastecimiento, acaparamiento y el mercado ilegal; e instalaron un golpe de Estado, una dictadura civil militar y un proyecto neoliberal que se mantiene en el presente. 

Tenemos un gobierno pinochetista que promueve el negacionismo de la extrema violencia ejercida por agentes del Estado hacia la población civil en dictadura, y que claramente no le importa si esto se vuelve a repetir. Nos indigna la carta del genocida Miguel Krassnoff, y la remota posibilidad de que José Kast considere indultar a este y a otros violadores de derechos humanos que suman condenas por más de 1000 años de presidio. El despido de las trabajadoras de jefatura en el Programa de Derechos Humanos y en el Plan Nacional de Búsqueda, Verdad y Justicia de las miles de personas que permanecen desaparecidas, es también una muestra del freno a los avances en esta materia y un giro radical en sentido contrario. A 53 años del golpe de Estado y los horrores de la dictadura civil militar, seguimos y seguiremos buscando e insistiendo en que los cómplices rompan los pactos de silencio y nos digan dónde están.

Conmemorar los 11 de septiembre es recordar a qué punto llegó y podría llegar la desidia, la crueldad, la reacción ultraconservadora y el fascismo. No debemos temer tratando de construir el mundo que queremos para el buen vivir. Aun con la ley Naim Retamal, promulgada por el gobierno de Gabriel Boric, y que hoy perpetúa la criminalización de la protesta, los movimientos sociales y feministas seguimos en las calles marchando y levantándonos, haciéndole frente a las políticas racistas, de empobrecimiento y de muerte. 

Podemos volver a cambiar el rumbo de la historia, luchando por defender la vida y la alegría, sabiendo que todo tiempo es urgente para cultivar la conciencia. Que cualquier lugar es propicio para organizarnos, siempre en colectivo, y así prevenir que la violencia, la mentira y el autoritarismo vuelvan a presentarse como única salida impuesta a nuestras sociedades. La memoria no es una carga, es una herramienta para disputar el relato de la historia en el presente y defender el futuro.  

Por Manuela Beltrán de la Fuente, integrante de la Coordinación Nacional de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres