sesion 1 Ciclo de reflexion y autoformacion feminista

Este texto, elaborado por Isadora Castillo, integrante de la Coordinación Nacional de la Red Chilena, tiene por objetivo introducir el primer tema del Ciclo de Reflexión y Autoformación Feminista. La sesión del 25 de mayo abordará “Violencia hacia las mujeres: un problema estructural” y será transmitida en vivo a las 19 hrs a través de nuestro Facebook y Twitter.

La situación global que hoy vivimos es ejemplificadora de las variadas expresiones que posee la violencia contra las mujeres. Si bien el foco ha estado puesto mayormente en la violencia física, psicológica y sexual, también esta crisis ha concentrado en un ámbito, el doméstico, otras manifestaciones que muestran la explotación de las mujeres en la sociedad. Ejemplo de ello es la precariedad de los trabajos que realizamos, las bajas remuneraciones y pensiones, el estrés y desgaste que implica cargar con las labores domésticas y de cuidados, las limitaciones y prohibiciones que nos impiden disfrutar de una sexualidad plena y libre, entre otras.

Lo anterior da cuenta de que la magnitud de la violencia no puede reducirse sólo a las relaciones interpersonales, sino a las relaciones sociales en general, aunque nos es más fácil reconocer ciertas expresiones de violencia por sobre otras que están naturalizadas en nuestra cultura. 

Para abordar esta problemática, históricamente el activismo y la generación de conocimiento feminista ha abogado por desbordar la lectura tradicional de la violencia vinculada al daño físico y directo. En este sentido, en el artículo “Violencia estructural y feminismo: apuntes para una discusión”, Luna Follegati1 esboza algunas coordenadas para comprender la importancia de abordar la violencia hacia las mujeres desde un enfoque estructural. En palabras de la autora, es asumir el desafío de ampliar la mirada sobre la misma y de sus mecanismos de producción y reproducción, además de establecer vínculos con otras condiciones que influyen o potencian dicha violencia.

Patriarcado es el término que se suele utilizar para dar cuenta de las relaciones de poder que están a la base, histórica y transversalmente, de la violencia hacia las mujeres. Esta se encuentra enraizada en los cimientos de la sociedad, configurando las relaciones políticas, socioeconómicas y culturales que predominan en ella. La existencia y despliegue de los diversos mecanismos que produce y reproduce el sistema patriarcal es lo que instituye la desigualdad entre hombres y mujeres, al privilegiar lo masculino, el deseo masculino y legitimar el ejercicio de la violencia como medio válido para mantener ese lugar de privilegio. 

Por esto, la violencia está presente de manera continua en nuestras vidas, porque tanto niñas, como mujeres adultas y ancianas, experimentamos diferentes formas de violencia en los diversos espacios en que nos desenvolvemos. Sin embargo, la normalización y cotidianidad de dicha violencia es lo que impide que percibamos y asimilemos muchas de sus expresiones como violentas.

Si bien la violencia hacia las mujeres posee su propia especificidad, sus dinámicas se fortalecen a partir de la imbricación directa con el capitalismo y colonialismo, que en conjunto con el patriarcado, instauran otro tipo de desigualdades que permean la sociedad y estructuran las relaciones que en ella se establecen. 

En el caso latinoamericano, Luna Follegati1 explica cómo se fueron imbricando estas estructuras de dominación, haciendo un recuento histórico que recoge lo teorizado por distintas escritoras feministas. Para ello se remite al proceso de conquista, momento en el cual se instaura el sistema capitalista en el continente. Según plantea Silvia Federici2, este fue implementado por los colonizadores principalmente a través de la violencia, apropiándose de los territorios conquistados e instaurando una jerarquía masculina basada en las prácticas de Occidente. 

Este proceso, de acuerdo con Rita Segato3, no habría sido posible si en el territorio no hubiesen existido ya prácticas patriarcales, que la autora denomina “de baja intensidad”. El hombre indígena, frente al dominador, responde a una doble lealtad: por una parte, a su gente y su pueblo y, por otra, al orden masculino al cual pertenece. Así, se produjo una amalgama que originó un nuevo orden patriarcal, fusionando aspectos de la cultura de los pueblos originarios con lo europeo y occidental. Este “entronque patriarcal”, como se le llama desde el feminismo comunitario, establece hasta el día de hoy formas de opresión particulares hacia mujeres indígenas y afrodescendientes.

En este contexto, las relaciones y formas de producción capitalista se articularon en lo que Silvia Federici4 denomina “el patriarcado del salario”. La implementación de este sistema significó una transformación profunda de los medios de producción y subsistencia locales, asentados en la familia como unidad productiva dentro de la comunidad. La nueva organización desplazó la familia hacia el espacio privado, a la vez que la dividió en dos partes: la asalariada y la no asalariada, produciendo una feminización de las labores de cuidado.

Este orden se ha mantenido y resignificado en el tiempo, tal como explica Luna Follegati1, gracias a la creación de diversas instituciones que la reproducen, como el mercado del trabajo, los medios de comunicación, el sistema educativo o las unidades domésticas, por mencionar solo algunas. 

Comprender la violencia hacia las mujeres desde una perspectiva estructural es para la Red Chilena una propuesta política, en tanto nos permite observar estos espacios diferenciados de reproducción, entendiendo que no por ello están segmentados, sino que más bien interconectados. Asimismo, esta perspectiva confiere el desafío de no restringir la mirada para establecer vínculos con otros escenarios de conflicto y resistencia, desde una posición dialogante y sin buscar establecer prioridades. 

En tiempos en que se ha evidenciado las injusticias, abusos y desigualdades del Chile neoliberal, primero por la revuelta social y actualmente por la crisis sanitaria, iniciamos este ciclo de reflexión y autoformación feminista invitando a profundizar sobre la noción de violencia estructural para no perder de vista estas interconexiones, para reflexionar sobre las formas de dominación que se ejercen sobre las mujeres y demás sujetos precarizados, pero también para relevar sus resistencias, mirando hacia nuevas formas de relación, existencia y vida. 

1 Luna Follegati, “Violencia estructural y feminismo: apuntes para una discusión” en Violencia estructural y feminismo: apuntes para una discusión, ed. Soledad Rojas y Elena Águila. (Santiago: Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, 2019).

2 Silvia Federici, Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Buenos Aires: Tinta Limón, 2010).

3 Rita Segato, “Género y colonialidad: en busca de claves de lectura y de un vocabulario estratégico descolonial” en Feminismos y poscolonialidad: descolonizando el feminismo desde y América Latina (Buenos Aires: Ediciones Godot, 2011).

4 Silvia Federici, El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo (Madrid: Traficantes de Sueños, 2018).