Tras la venda

Sandra Palestro
Lunes, Mayo 26, 2014

Hace algunos días, abogados de la Villa Grimaldi interpusieron una querella por agresiones sexuales a tres prisioneras políticas en el lugar de tortura que se ha dado en llamar “Venda Sexy”. Estas tres mujeres representan a muchas que nunca encontraron palabras para narrar el horror de la tortura y a todas las que ante la Comisión Valech relatamos haber sido objeto de violencia sexual.

Tras la venda


 

En el Informe Valech quedó consignado que, sin distinción de edades, de las 3.400 mujeres que entregaron testimonio, casi todas señalaron haber sido objeto de alguna violencia sexual. 316 mujeres dijeron haber sido violadas. 229 fueron detenidas estando embarazadas, 11 de ellas declararon haber sido violadas. Debido a las torturas sufridas 20 abortaron y 15 tuvieron a sus hijos e hijas en presidio. 118 mujeres fueron ejecutadas y 72 mujeres permanecen desaparecidas, 9 de ellas estaban embarazadas.

Estos hechos no son del pasado, siguen viviendo con nosotras en todos los momentos, los recordamos cuando vemos en la TV a los paladines de la derecha defender con cinismo la “sagrada” maternidad, en tanto para ellos no fue obstáculo durante la dictadura la detención, violación y desaparición de mujeres embarazadas; cuando la derecha y las iglesias quieren cercenar la libertad de las mujeres para decidir si quieren o no terminar un embarazo, en circunstancias que nunca se les escuchó una condena por los abortos provocados en las torturas; cuando nos agrede ese vil pacto de silencio entre militares, que impide conocer la verdad sobre personas que “desaparecieron” de la faz de la tierra y lo que hicieron con los hijos o hijas de quienes llevaban un embarazo avanzado.

La violencia sexual en la tortura se ejerció durante toda la dictadura militar y en todos los lugares de detención. Es decir, fuimos sometidas a una situación extrema de dolor físico y psíquico, máxima denigración cuyo objetivo fue quebrar nuestro sistema de ideales y valores, frustrar nuestro proyecto de vida, quebrar cualquier resistencia basada en nuestra dignidad como persona, según concluyen los estudios realizados. Se buscaba “minar su voluntad, sus vínculos afectivos, lealtades, creencias y posturas políticas”.

Castigo y venganza se consumaban en la agresión sexual: “Las mujeres durante la dictadura serán ‘castigadas’ material y simbólicamente por haber sobrepasado las fronteras de los roles que culturalmente les estaban asignados” . “El control del cuerpo y la sexualidad de las mujeres se convierten en instrumento de venganza y de castigo. Venganza, porque en el marco de la ideología patriarcal que considera a las mujeres como objetos sexuales y depositarias del honor masculino y de la comunidad, la violación y la tortura sexual se consideran ataques contra los hombres del grupo enemigo”.

Pero sepan señores torturadores, civiles y militares, que pese a este horror que finalmente pudimos nombrar, no nos doblegaron. Seguimos luchando contra la dictadura muchas mujeres que estuvimos en el Estadio Nacional, junto a las que estuvieron en Villa Grimaldi, Tejas Verdes, la “Venda Sexy”, Cuatro Alamos, y otros centros de prisión y tortura en todo el país. Más tarde, en democracia, nos encontramos en las agrupaciones de derechos humanos exigiendo verdad y justicia; y en la actualidad, junto a las estudiantes por una educación pública, laica y no sexista; a los movimientos de la diversidad sexual expresando y reivindicando su existencia; a las diversas organizaciones que demandan una asamblea constituyente; al pueblo mapuche que reivindica su autonomía como nación; en fin, nos encontramos junto a tantas otras mujeres luchando por la libertad de decidir sobre nuestros cuerpos, sobrepasando las fronteras de los roles que culturalmente nos estaban asignados.

La venda en los ojos en completa desnudez, en la indefensión total -expresión de la crueldad y cobardía de ustedes y los que comparten su ideología en la actualidad- no nos impidió seguir viendo en el horizonte una sociedad mejor.