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Hoy el monumento ya no parece monumento: está destruido, rayado y sucio. No quedan ni rastros de las luces que lo iluminaban y es imposible intentar interpretar su mensaje ya que varias y varios lo usaron como lienzo blanco para llenarlo de garabatos. Sandra dice que su existencia es muy paradójica, que es como si tuviese el sello de las mujeres, el sello de la invisibilidad y de la secundariedad

Monumento a las Mujeres Víctimas de la Represión Política:Una obra para recordar la dignidad y la entrega de las mujeres que lucharon en dictadura que hoy brilla por su olvido y descuido


Por Antonia del Solar Benavides de Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres

Aquí está el espíritu de Nalvia Rosa, de Cecilia, de Carolina, de todas nuestras Marías, de todas esas vidas que ya tienen un lugar en nuestro corazón y que encontrarán un lugar en la historia de Chile. Aquí está el espíritu de ellas, que nos legaron tanto, y de quienes decidimos no callar ante la injusticia, la violencia, la corrupción; las que decidimos valorarnos y apoyarnos así no más tal como somos; las que decidimos vivir cada día con ganas, para que sepan los que quisieron doblegarnos que no lo lograron; para que sepan nuestras hijas e hijos que en gran medida la fuerza y el coraje de las mujeres, han hecho un poco más democrática, un poco más libre, un poco más amable la sociedad en que les ha tocado vivir.

Lo anterior es un extracto del discurso realizado en el marco de la inauguración de “Mujeres en la Memoria. Monumento a las Mujeres Víctimas de la Represión Política”, una instalación levantada en 2006 con el propósito de homenajear a todas las mujeres que lucharon contra la dictadura de Pinochet, a las detenidas, las torturadas, las 72 desaparecidas, las 118 ejecutadas, a las que se organizaron en busca de sus familiares, a las que se articularon en pos de los derechos humanos.

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Eso sí, la historia del monumento viene de mucho antes. Fue 1992 cuando un grupo de mujeres se reunió con la idea de proteger un espacio y construir en él una obra en honor a todas aquellas que se enfrentaron a la represión de una dictadura militar que pretendió arrasar con todo lo que no logró someter. La democracia recién había sido recuperada y en ese contexto, estas mujeres creían que las organizaciones sociales podrían co-legislar. Tanto así, que elaboraron un Proyecto de Ley para llevar a cabo la iniciativa, patrocinado por los diputados de entonces Laura Rodríguez y Mario Palestro. Pese a los esfuerzos del Comité y de los patrocinadores, el Proyecto de Ley durmió para siempre en el Congreso.

Sin embargo, la motivación de estas mujeres siguió intacta y al ver que no encontrarían apoyo por parte de las autoridades, decidieron buscar alternativas. Así fue como en 2003 formaron el Comité Mujeres en la Memoria. Durante tres años estuvieron buscando un lugar donde levantar el monumento. Su idea era que tuviera lugar en el Paseo Bulnes, que la memoria de estas mujeres mirara de frente a La Moneda, al poder y que la gente que pasara por ahí viera interrumpida su rutina por vestigios de una historia que sigue vigente.

Después de tres años lograron tener autorización para erigir la obra, realizar el concurso público y financiar el proyecto. No obstante, éste no se instaló en el Paseo Bulnes, ya que finalmente no se les otorgó autorización, sino que en un espacio en plena Alameda, una explanada sobre la estación Metro Los Héroes.

Así fue como se agendó la inauguración para el 12 de diciembre del 2006. Pero a veces las paradojas de la vida y de la muerte son grandes, tan grandes que el 10 de diciembre murió Augusto Pinochet, y coincidió entonces la inauguración del monumento con el funeral del dictador. “La prensa no fue y la Presidenta, que iba a ir al evento, tampoco pudo ir. La inauguración no tuvo ningún tipo de visibilidad”, cuenta Sandra Palestro, una de las integrantes del Comité Mujeres en la Memoria.

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El tirano, que murió traidor, cobarde, asesino y ladrón, se hará cenizas, mantenidas ocultas o lanzadas en lo desconocido, porque ya lo saben ellos, no hay, ni habrá lugar de descanso para él. En cambio aquí, en el sitio más visible, se levanta un símbolo de los cuerpos desaparecidos, de las vidas segadas con tanta crueldad. Aquí, justo aquí, donde se cruza la Carretera Panamericana que recorre nuestro país de Norte a Sur, y la Alameda Bernardo O’Higgins que lo atraviesa de Cordillera a Mar. La Carretera que une a nuestro país, “largo como lazo de arriero y angosto como catre de pobre”, como dijera nuestro poeta Pablo de Rocka, y la Alameda, “las grandes Alamedas, por donde pase (la mujer) y el hombre libre, para construir una sociedad mejor”, que nos legara Salvador Allende. Este es un lugar para ustedes queridas compañeras. Un muro de cristal que nos permite verlas al trasluz de la Historia.

Lamentablemente, una vez erigido el muro de cristal las cosas no se dieron de la mejor forma. A pesar de que el monumento fue ubicado en una de las avenidas más transitadas de Santiago, resultó ser un lugar solitario, poco iluminado y desconocido, que solo es visitado cuando las personas que se trasladan en metro se equivocan de salida.  De ahí en adelante nada fue muy distinto. Ninguna corporación o entidad se comprometió a difundir su existencia en liceos y colegios. Tampoco se hicieron señaléticas que indicaran su presencia, ni siquiera un cartel informativo que diera datos de contexto, solo una pequeña placa a 40 cms. del suelo que tímidamente reza “Mujeres en la Memoria. Monumento a las Mujeres Víctimas de la Represión Política. 2006”. Ningún organismo se hizo cargo de su mantención ni de su visibilidad.

Sandra explica que durante años el Comité intentó mantener al monumento en buen estado. Fueron muchas veces a limpiarlo porque cada tanto se llenaba de graffities, afiches y rayados. “Finalmente, nosotras lo soltamos, por un lado, porque en el tiempo de Piñera se creó una comisión desde la Intendencia con la Municipalidad de Santiago, gente de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, el Ministerio de Obras Públicas y el Consejo de Monumentos Nacionales, que se haría cargo. Por otra parte, porque hubo un momento en que no podíamos sostenerlo más. Las cosas de las mujeres no prenden para las autoridades o los medios de comunicación salvo cuando estamos en periodos de elecciones o fechas de conmemoración. Muchas de las integrantes del Comité ya han ido envejeciendo, imagínate, si éramos compañeras que luchamos en dictadura y pasaron 12 años hasta que se hizo el monumento y ahora, diez más”, expresa la activista.

Hoy el monumento ya no parece monumento: está destruido, rayado y sucio. No quedan ni rastros de las luces que lo iluminaban y es imposible intentar interpretar su mensaje ya que varias y varios lo usaron como lienzo blanco para llenarlo de garabatos. Sandra dice que su existencia es muy paradójica, que es como si tuviese el sello de las mujeres, el sello de la invisibilidad y de la secundariedad, y agrega: “Hay una cuestión cultural y educacional que tiene que ver con el valor de la memoria y en este caso, la memoria de los héroes masculinos está bastante bien resguardada en los textos de historia y en la educación formal, no así la construcción de la historia de las mujeres que es bien reciente y no tiene el mismo valor como construcción cultural y trayectoria histórica. Como nosotras ahora sabemos esto, nos conocemos en la ‘sin historia’, en la historia invisible, podemos ver entonces que estos rasgos en el monumento, al final, son una señal más de lo mismo. Es vital para el reconocimiento de las mujeres en la historia que nosotras mismas nos ocupemos de visibilizarnos porque nadie más lo hará por nosotras”.

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La historia del monumento, por más difícil y esquiva, pareciera que no acaba. Desde hace años se viene hablando al respecto. El memorial quedó a cargo de la comisión, la que logró hacerle un espacio en los planos oficiales de la reestructuración del Paseo Bulnes. Sus integrantes han mantenido conversaciones con Emilio Marín y Nicolás Norero, los arquitectos que diseñaron la instalación, para que ésta sea trasladada, renovada y refabricada.

Sobre el valor de este monumento y de tantos otros sitios de memoria, Sandra expresa que “Yo creo que es cierta la frase que dice que no hay futuro sin memoria y que si los pueblos no conocen su historia pueden repetir los mismos errores, por lo tanto, creemos que estos símbolos recuerdan, estos símbolos puestos en la ciudad, interviniendo la ciudad, son una voz. Me acuerdo de una mujer que era directora del Museo de Lyon que decía que no importaba cómo estuviera el monumento o quién lo cuidara porque igualmente éste siempre iba a decir algo, siempre iba a haber alguien que dijera ‘esto qué es’. Por ahí la memoria se salva, aunque sea de una manera tan precaria como ésa”.